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Homenaje a INGE MORATH

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El 31 de enero murió en Nueva York, víctima de un linfoma, la fotógrafa Inge Morath. Los periódicos dieron la noticia diciendo que se había muerto una de las miradas de la fotografía del siglo XX. Era una grande de la imagen pero lo que me fascinó de ella era una inmensa calidad como ser humano.

Su cultura impresionaba, hablaba nueve idiomas y era doctora "Honoris Causa" por la Universidad de Hartford, en Connecticut.

Austriaca de nacimiento y miembro de la prestigiosa agencia Magnum, consiguió retratar a todos los grandes del siglo. Desde Picasso a Giacometti, de Balenciaga a Saint Laurent, de Octavio Paz a Pablo Neruda, de Norman Mailer a Euvstchenko, todo el arte, toda vida le interesaban. A España había venido en los 50 y a lo largo de varios meses retrató nuestro país. Uno de los pueblos que más le fascinaron fue el nuestro, Navalcán. Fue capaz de reflejar a través de la fotografía, las tradiciones y costumbres de las gentes de nuestro pueblo, cuando todavía la imagen era algo muy desconocido. Ha llevado las imágenes de Navalcán por multitud de sitios y lugares del mundo, dando a conocer todo lo bueno de nuestro pueblo.

Para Inge la mejor fotografía era aquella que se tomaba sin agredir al sujeto, sin que la presencia del extraño que es el fotógrafo sucediera. Para Inge lo superfluo nunca era necesario, sus fotografías hablaban desde la elocuencia del silencio, no eran ruidosas, no había concesiones. Procuran al verlas una cierta lasitud, un lugar de descanso en un mundo en el que la reflexión es ahogada por la agresión y el ruido. Inge tenía establecida su propia ley del silencio. Eran las voces de sus retratados las que lograba sacar al exterior. En su viaje hacia otros, Inge establecía un recorrido interno: primero conocer, luego intuir y a continuación plasmar.

Detrás de cada toma de Inge hay como una larga historia fuera de los tópicos. Jamás se dedicó a escarbar infiernos privados de países y gentes. Se tenía prohibido hacer fotografía de conflictos o guerra, la había sufrido en sus carnes y nunca se permitió retratar el sufrimiento. Su obra es tan importante que parece menor, y llegaba a ella a través de análisis, la generosidad y el arte.

Nadie se ha paseado como ella, por los más diversos países, con la ilusión y la complicidad que creaba entre ella y las gentes. Sus impresionantes vitalidad y espontaneidad encantaban a todo aquel que tenía la suerte de conocerla. Todos, políticos, periodistas, artistas y gentes diversas se quedaban prendidos primero por su historia personal: la mujer que sucedió a Marilyn Monroe en el corazón de Arthur Miller, para más tarde quedar absolutamente fascinados por Inge Morath.

 

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